Daniel Adrian Salaices Alvarez
Palabras: Pepe: Me llena de emoción contarte una historia. Un día, en una mañana común, sentado en mi pupitre de una escuela nueva para mí, se me cayó un Pritt. Sí, un simple Pritt. Me agaché para recogerlo, pero una pequeña mano ya lo había tomado y me lo devolvía. Alcé la mirada y conocí a Verónica. A lo largo de los años descubrí que aquella pequeña niña era alguien extraordinariamente talentosa, como seguramente ya habrás podido comprobar por ti mismo. Cantaba de manera apasionante, declamaba poesía con verdadero ímpetu, jugaba basquetbol de forma sobresaliente y bailaba como Shakira en aquellos años de esplendor. Todo lo hacía bien. Era un lucero entre tantos niños; no había quien no supiera quién era Verónica Michelle. El tiempo y los años me permitieron ser su amigo y, mutuamente, formar parte de nuestras vidas. La conozco desde hace 26 años y, ¿sabes algo? Nunca la había visto sonreír como ahora lo hace contigo. No me refiero únicamente a ese gesto amable y contagioso que la ha caracterizado, ni a las muestras de afecto, bondad y compasión que siempre ha brindado a quienes la rodean. Hoy, su mirada y su sonrisa reflejan la profundidad y la delicadeza de su alma cuando está a tu lado. Tienen la maravillosa oportunidad de construir juntos la obra más importante de sus vidas: su familia. Hoy, en matrimonio y ante los ojos de Dios y de la Patria, están sellando un pacto que va mucho más allá de una firma con tinta sobre papel. Su verdadero sello está hecho de amor, fidelidad, confianza, respeto y trabajo en equipo. Yo, al igual que todos los que hoy celebramos con ustedes la mejor y más importante decisión de sus vidas, les deseo el mayor de los éxitos como pareja. Que el amor prevalezca en cada instante de su camino como esposos y como padres. Y Verónica, con un entrañable y sincero cariño, quiero que sepas que quien verdaderamente te quiere solo desea verte feliz. Me llena de orgullo, gratitud y afecto tenerte en mi vida y, ahora, tenerlos a ambos. El tiempo ha corrido muy deprisa, pero has estado presente en mis días más oscuros y también en los más brillantes, muchas veces sin siquiera saberlo. El afecto que te tengo es de esos sentimientos que las palabras apenas alcanzan a describir; es de tal grado que solo tú lo puedes comprender en toda su dimensión. Por eso, ser testigo de tu felicidad y de esta nueva etapa que hoy comienzas hace que mi corazón se llene de alegría. Después de años de amistad, pocas cosas podrían hacerme sentir más dichoso que verte sonreír de la manera en que hoy lo haces. A ambos, de verdad y con mucho cariño, les deseo toda la felicidad del mundo. Que nunca les falten motivos para tomarse de la mano, para elegir caminar juntos y para recordar el amor que hoy los reúne frente a todos nosotros. Felicidades a ambos, y... ¡Que vivan los novios!